¿Puede el GLP desempeñar un papel en la transición energética?

La electricidad es vital para la sociedad actual. Impulsa el crecimiento económico y mejora la calidad de vida de las personas en todo el mundo. Pero hoy en día todavía hay cerca de 1000 millones de personas sin acceso a la electricidad. 4000 millones cocinan con combustibles sólidos como el carbón vegetal. Y cientos de millones para quienes el acceso a la electricidad no es confiable debido a la falta de capacidad e infraestructura de generación. O es inasequible, un lujo. Entonces, ¿cómo podemos abordar el “Trilema de la energía” (medioambiente, asequibilidad y seguridad del suministro) y lograr el objetivo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de proporcionar energía limpia y asequible para todos?

El enfoque principal de hoy está en los aspectos ambientales de la generación de energía. Una gran proporción de la electricidad mundial todavía se produce a partir de carbón o fuelóleos, con elevadas emisiones de CO2 a la atmósfera junto con otros contaminantes nocivos para el medioambiente y la salud humana, como los óxidos de azufre y el hollín. La utilización de energía renovable, como la eólica y la solar, aliviará estos problemas, pero llevará tiempo implementar estas tecnologías a la escala necesaria para reemplazar los combustibles fósiles. Al tiempo que algunos países y regiones tal vez no tengan los recursos renovables necesarios para pasar a un 100% de escenario renovable a mediano plazo. El cambio a combustibles fósiles con bajo contenido de carbono, como el Gas Natural Licuado (GNL) y el Gas Licuado de Petróleo (GLP), puede desempeñar un papel importante durante la transición energética al proporcionar energía segura y con bajas emisiones de carbono, especialmente en países en vías de desarrollo y regiones con poca infraestructura energética existente.

Si bien el gas natural se considera uno de los combustibles fósiles más limpios, su disponibilidad depende de estar cerca de la infraestructura de apoyo, como tuberías y terminales de GNL. En muchas regiones no existe una infraestructura de gas natural, y la demanda de distancia o volumen hace que sea antieconómico expandir cualquier infraestructura existente para atender a todos los clientes potenciales. Tradicionalmente, estos clientes “fuera de la red de gas” han sido atendidos por pequeñas plantas de energía de carga base descentralizadas que operan con fueloil, como diésel o fueloil pesado (HFO, en inglés), ya que estos combustibles pueden transportarse fácilmente en camión o en tren. Sin embargo, los fuelóleos son combustibles con “alto contenido de carbono”, que liberan una cantidad significativa de CO2 cuando se queman, así como grandes cantidades de los otros contaminantes mencionados anteriormente. Estas centrales eléctricas descentralizadas son candidatas ideales para el GLP, un combustible de combustión mucho más limpia que puede reducir inmediatamente las emisiones de CO2 en un 20% en comparación con el HFO, además de disminuir otros contaminantes en un 90% o más. La capacidad de utilizar GLP en plantas de energía de alta eficiencia no sólo reduce la huella de CO2 de la generación de energía, sino que también hace que la electricidad sea más asequible. Los volúmenes de GLP consumidos para la generación de energía, incluso para una pequeña planta de energía utilizada por, por ejemplo, una empresa minera o una fábrica de cemento, también pueden mejorar la asequibilidad del GLP para otros usos, como cocinar. Y con esto, ayudar a desarrollar un mercado local de combustibles domésticos, reduciendo la contaminación del aire y la deforestación.

 

A medida que aumenta la cantidad de generación de electricidad renovable en el sistema disminuye la necesidad de energía de carga base a partir de combustibles fósiles. Pero la energía solar y eólica son recursos intermitentes que requieren de una generación de energía de respaldo flexible para garantizar la seguridad del suministro. El GLP es un combustible ideal para soportar una red dominada por energías renovables, ya que se almacena fácilmente, no se degrada con el tiempo, no requiere calentamiento ni filtración compleja para mantener el combustible en condiciones de uso y, a diferencia del GNL, no se evapora constantemente. En caso de una fuga o derrame, el GLP no contaminará el suelo o los cursos de agua (a diferencia del fuelóleo) y tiene un Potencial de Calentamiento Global (GWP, en inglés) mucho menor en comparación con el metano, el componente clave del gas natural y el GNL. Una planta de energía descentralizada alimentada por GLP puede pasar fácilmente de la carga de base a un soporte de red o función de pico, e incluso pasar sin problemas a BioLPG a medida que se disponga de mayores volúmenes de este combustible neto de carbono cero.

En tanto crece la cantidad de generación de electricidad renovable en todo el mundo, se habla mucho sobre el uso de la generación de electricidad renovable “excedente” para crear hidrógeno renovable o “verde”. El hidrógeno tiene muchos usos, en el transporte, como materia prima en la industria química y como fuente de energía, y se considera una forma de almacenamiento a largo plazo o estacional de energía renovable. Hay propuestas para crear y almacenar hidrógeno a partir de energías renovables para convertirlo de nuevo en electricidad cuando la generación renovable no esté disponible. Actualmente, aunque el hidrógeno es un combustible relativamente caro para este propósito, es difícil de transportar y podría usarse de manera más económica en otros lugares. Mientras que continúa el impulso por la generación de energía sin carbono, el BioLPG podría convertirse en una alternativa viable al hidrógeno para este papel, especialmente en áreas donde existe poca infraestructura energética o en microrredes independientes que alimentan instalaciones industriales


Por Michael Welch,
director de marketing
Siemens Energy Industrial Gas Turbines Ltd.

Artículo originalmente publicado The World LPG Association

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