Uso doméstico de leña: ¿cuáles son los perjuicios para la salud y la economía?

Por Diego Ciufici N. Alves*

El peligro de utilizar leña para cocinar y calentar residencias es una realidad para la mayoría de las familias en todo el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor del 40% de las familias queman combustibles de biomasa para obtener energía térmica. Esta, incluso, es una de las principales causas de la contaminación doméstica generada por la actividad diaria. 

Pero ¿cuántas personas mueren por contaminación domestica? Según datos de la OMS, este tipo de contaminación es responsable por la muerte prematura de 3,8 millones de personas al año, principalmente, por el uso de combustibles sólidos como leña, restos de maderas, estiércol, carbón, entre otros. Las muertes se deben a accidentes cerebrovasculares, cardiopatías isquémicas, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) y cáncer de pulmón.

Cada vez es más evidente la necesidad de una transición energética doméstica sostenible. De acuerdo a los especialistas, para que esto tenga éxito es clave aumentar los incentivos de políticas y programas para mejorar el acceso a combustibles más limpios. En América Latina una de las alternativas más viables es el gas licuado de petróleo (GLP). Se puede citar como ejemplo a Brasil: actualmente el GLP está presente en el 91% de los hogares (datos de Sindigás). Además de la seguridad, la quema de GLP no produce monóxido de carbono (CO) y no emite residuos que contaminan la atmósfera.

Datos sobre el uso de leña

De acuerdo con el estudio “Proyecto piloto: relevamiento de estudios científicos sobre el uso de leña en América Latina”, de la profesora y doctora Adriana Gioda, coordinadora del Laboratorio de Química Atmosférica (LQA) de la PUC-RJ, en nuestra región el 15% de la población utiliza combustibles sólidos para cocinar y calentar sus hogares. Su uso está asociado fuertemente a la pobreza, a la falta de acceso a combustibles limpios y a la disponibilidad de biomasa en algunas regiones. 

Según datos de la OMS, este tipo de contaminación es responsable por la muerte prematura de 3,8 millones de personas al año, principalmente, por el uso de combustibles sólidos como leña, restos de maderas, estiércol, carbón, entre otros. Las muertes se deben a accidentes cerebrovasculares, cardiopatías isquémicas, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) y cáncer de pulmón.

Cada vez es más evidente la necesidad de una transición energética doméstica sostenible. De acuerdo a los especialistas, para que esto tenga éxito es clave aumentar los incentivos de políticas y programas para mejorar el acceso a combustibles más limpios. En América Latina una de las alternativas más viables es el gas licuado de petróleo (GLP). Se puede citar como ejemplo a Brasil: actualmente el GLP está presente en el 91% de los hogares (datos de Sindigás). Además de la seguridad, la quema de GLP no produce monóxido de carbono (CO) y no emite residuos que contaminan la atmósfera.

¿Qué pasa en Latinoamérica?

Este índice varía de un país a otro o de una región a otra dentro del mismo país. En México, por ejemplo, 4,1 millones de domicilios, el 15%, usan leña, lo que expone a 19 millones de personas. La previsión es que sólo el 5% de estos usuarios dejarán de usar leña para 2030. En Chile más de 10 millones de personas están expuestas a concentraciones de material particulado (PM2,5/PM10) sobre los niveles aceptables. La principal fuente de emisiones en las ciudades del sur chileno es el uso extensivo de leña en el sector residencial para cocinar y calentar las residencias. Y en Perú el 34% de la población, aproximadamente 11 millones de personas, hace uso de leña y se expone a los contaminantes generados.

GLP como combustible de transición

Con el uso de leña tan avanzado, como todavía ocurre, queda la cuestión del cuidado que hacen los gobiernos de la salud de sus ciudadanos. Sociedades que están expuestas a altos niveles de contaminación están enfermas. Personas que se enferman debilitan la fuerza laboral de un país y eso ocasiona impactos también en la economía y en los sistemas de salud. Las alternativas existen y ya es hora de hacer un cambio sostenible.

*Director ejecutivo de la Asociación Iberoamericana de GLP (AIGLP).
Texto originalmente publicado en la web oficial de AIGLP